miércoles 30 de diciembre de 2009

Ensayo sobre el Socialismo del Siglo XXI (Parte III)

9) Control sobre las Fuerzas Armadas.- El control sobre las Fuerzas Armadas, incluyendo a la Policía Nacional y los cuerpos de inteligencia, es esencial para poder imponer las leyes y decretos presidenciales. Para controlar las Fuerzas Armadas es necesario usar cualquier medio al alcance: purgas al estilo soviético, ascensos privilegiados, sobornos, halagos, aumento de salario, desapariciones forzosas, etc. Todo esto para poner a oficiales de entera confianza al frente de los distintos cuerpos castrenses. Hay que evitar que sucedan hechos como el de Honduras en que el Jefe de las Fuerzas Armadas se negó rotundamente a seguir las órdenes del Ejecutivo alegando que eso era violatorio de la Constitución. Al mismo tiempo se crearán cuerpos armados colaterales tales como las Milicias Revolucionarias en Cuba, las Milicias Bolivarianas en Venezuela y así sucesivamente. Para que este control pueda instrumentarse lo más eficientemente posible se contratarán los servicios de asesores militares de alta confiabilidad. En Cuba ayudaron en esta tarea los cuerpos de inteligencia KGB de la Unión Soviética y la STASI alemana. En Venezuela están ayudando los asesores militares cubanos y en Bolivia los venezolanos. Para mantener neutralizado al ejército se mantendrá una vigilancia permanente de modo que por cada cinco soldados, sobre todo oficiales, haya un informante. Y muy importante, los jefes militares regionales serán trasladados constantemente entre guarniciones para evitar complots y conspiraciones contra el gobierno. Una vez que las Milicias Revolucionarias o Bolivarianas estén debidamente organizadas y con la capacidad militar necesaria, las Fuerzas Armadas tradicionales serán desmanteladas y sus cuarteles y edificaciones serán ocupados por los nuevos cuerpos armados. La policía tradicional también será transformada de manera que exista una sola Policía Nacional bajo un solo mando, el del Jefe de Estado o dictador vitalicio.

10) Vigilancia y represión.- Para poder implantar y consolidar el SS-XXI es necesario aplicar toda la represión posible, desde vigilar estrechamente a cada ciudadano, perseguirlo si emite críticas contra la política del gobierno y encerrarlo el tiempo que sea necesario, sin derecho a habeas corpus, para que no lo vuelva a hacer y sirva de escarmiento. Los juicios se dilatarán tanto tiempo como le convenga al gobierno. Ellos consideran la impunidad y el engaño como males menores. Si fuera necesario se llegaría hasta la pena de muerte o desapariciones camufladas. Para esto hay que contar con cuerpos de vigilancia y represión que ayuden a controlar el descontento de la población. Ejemplos de “eficiencia” de estos cuerpos represivos los hemos visto con las Checas Rusas, las Camisas Pardas de Hitler, las Camisas Negras de Mussolini, las Camisas Rojo Rojitas de Chávez, los Ponchos Rojos de Morales y las Brigadas de Respuesta Rápida de Castro. Estas turbas violentas reciben la información de los grupos de vigilancia por cuadras que existen en todo sistema totalitario. Ejemplos patentes de estos grupos de vigilancia los tenemos en los Comités de Defensa de la Revolución Cubana, los Círculos Bolivarianos de Venezuela, los Comités de Defensa Sandinista de Nicaragua, etc. Los miembros de estos grupos de vigilancia estarán vestidos de civil para dar la impresión de que es el pueblo quien defiende la Revolución. A través de estos informantes y las turbas de choque se implanta un verdadero terrorismo estatal. Esto se logra con mítines de repudio que son grupos violentos vestidos de civil que se sitúan frente a las casas de los opositores más activos o de los ciudadanos que van a abandonar el país, aunque estén autorizados, y les gritan obscenidades e insultos y hasta pintura roja y huevos les tiran a sus casas. Las manifestaciones contra el gobierno son criminalizadas, hasta quedar prohibidas por completo. También se criminalizan las acciones de los abogados defensores de cualquiera que no piense como el gobierno e inclusive los jueces pudieran ser acusados también. Este terrorismo de estado se va infiltrando lentamente dentro de la conciencia de cada ciudadano. Esto crea una doble moral en el individuo de tal forma que delante de los partidarios del sistema actúan como si fueran del sistema mientras que delante de sus familiares o frente a los opositores actúan como opositores también. Para cumplimentar todo este proceso de vigilancia y represión se contará siempre con la eficiente colaboración de los tribunales de justicia y órganos anexos, entre ellos el Defensor del Pueblo, el Fiscal General, el ejército y la policía, etc. En esta estructura, el ciudadano no tiene ninguna instancia a la que pueda apelar por lo que la impunidad es absoluta. Desde luego, dicen que todo se hace pensando en el futuro del pueblo.

11) Cárceles, fusilamientos y campos de concentración.- En todos los sistemas de gobierno son necesarias las cárceles para recluir a los delincuentes y a algunos inconformes políticos. Sin embargo, en los sistemas comunistas o socialistas del siglo XXI esta necesidad es aún mayor. En estos sistemas, debido a que el descontento popular es más acentuado, la cantidad de arrestos y reclusiones es muy grande. Para poner solamente un ejemplo veamos lo que sucede en Cuba. Por sus cárceles han pasado cientos de miles de presos políticos sólo por disentir de la política del régimen. En una sola jornada, el 17 de abril de 1961, fueron detenidos más de un cuarto de millón de cubanos que aparecían en listas de desafectos, no opositores activos, proporcionadas al gobierno por los Comités de Defensa de la Revolución y los cuerpos de inteligencia del G-2. Esto no es extraño ya que Castro dijo al arribar al poder: “el que no está con la Revolución está contra la Revolución”. Hay que tener en cuenta que bajo los regímenes totalitarios cada vez que un acusado de delitos políticos llega a los tribunales ya va condenado desde los cuarteles de la Seguridad del Estado por órdenes superiores. Lo único que hacen los tribunales es fijar el nivel de la sentencia. Mientras tanto los abogados “defensores” se limitan a pedir “benevolencia” para su cliente. Pero lo más triste es que bajo estas dictaduras de extrema izquierda no basta que el sentenciado cumpla su sentencia, es necesario seguir presionándolo dentro de la prisión hasta eliminarlo política o físicamente. Es algo muy distinto a las dictaduras de derecha que, no obstante lo malas que son, cuando el reo entra a la prisión se le deja relativamente tranquilo sin tratar de obligarlo, como en los regímenes comunistas, a que cambie su ideología. Entre los mecanismos más utilizados para doblegar a los presos a cambiar su modo de pensar se encuentra el plan de reeducación o rehabilitación, al que el recluso es sometido por las buenas o por las malas, incluyendo golpizas tremendas y plan de trabajo forzado, como sucedió en Cuba con el Plan de Trabajo Forzado Camilo Cienfuegos puesto en marcha en 1964. En ese plan centenares de presos políticos fueron asesinados, otros tantos quedaron mutilados, locos, o traumatizados. Finalmente, los que llegan a cumplir sus condenas sin aceptar el plan de rehabilitación son recondenados al término de su sentencia, como le sucedió al autor de este ensayo que después de cumplir la sentencia de 12 años que le habían impuesto fue recondenado a 2 años más por un supuesto delito de peligrosidad. Es decir, ellos son capaces de predecir lo que el preso político pudiera hacer cuando salga y condenarlo por lo que posiblemente vaya a hacer.

12) Control sobre los medios de comunicación.- Para que este tipo de sistema pueda funcionar correctamente no pueden existir empresas privadas de comunicación que puedan criticar o contradecir lo que diga el gobierno. Las críticas a la gestión del Estado son inadmisibles. Se cerrarán todos los medios independientes usando cualquier pretexto, menos que se trata de censurar a la prensa. Se dirá que son latifundios mediáticos, que sus dueños son imperialistas “yankees”, oligarcas inescrupulosos, burgueses, vende patrias, etc. Por supuesto, nunca se dirá que se cierran o clausuran los medios de comunicación pues esto causa muy mala impresión; mejor se dirá que se suspenden las señales o que se terminan las concesiones. Así se evita que parezca que se está contra la libertad de expresión o que se amordaza la prensa. Antes de llegar a la estatificación total de los mismos se usarán diversos mecanismos, como por ejemplo, ponerle coletillas a los artículos inconvenientes, obligar a los canales de televisión y estaciones de radio a ponerse en cadena durante varias horas al día para evitar que ese espacio de tiempo sea usado por el enemigo. Se amenazará constantemente a los periodistas con ser arrestados o lograr su despido acusándolos de cualquier cosa, lo que traerá consigo que los propios periodistas se autocensuren para conservar sus puestos pues, después de todo, tienen familiares que mantener. Si aún quedaran directores y dueños de periódicos reacios a entrar por el aro podría llegarse al extremo de enviar secuaces encapuchados, haciéndose pasar por delincuentes comunes, a saquear y destruir los equipos de las empresas privadas. Inclusive se enviarán motorizados, también encapuchados, a pasar veloces frente a las empresas periodísticas disparando ráfagas de ametralladoras para sembrar el pánico entre los periodistas y demás empleados. Hay que evitar a toda costa que el pueblo sea informado acerca del verdadero propósito de la revolución. También se controlarán los medios modernos de comunicación, tales como internet, computadoras, teléfonos celulares, etc. Debido a que no es fácil montar un sistema de desinformación tan sofisticado se recurrirá a asesores experimentados en este tipo de actividad, principalmente cubanos, como sucede en Venezuela. El Estado garantizará el flujo de información saludable y la libertad absoluta de expresión para los que hablen de las bondades del sistema.

13) Secuestro de legisladores o de sesiones legislativas.- Una de las estrategias a seguir para obligar al Congreso a aprobar proyectos de leyes presentados por el Máximo Líder cuando el Congreso no está aún bajo el control total del Ejecutivo, es la de impedir que diputados de la oposición entren a las sesiones legislativas o salgan de ellas sin que se hayan aprobado dichos proyectos. Como sucede a menudo en Bolivia con los Ponchos Rojos (turbas del gobierno) que se sientan frente a las puertas del Parlamento con palos y machetes y no se paran del lugar hasta que los proyectos son aprobados. Algo parecido sucedió en Ecuador cuando el presidente Correa impidió que los legisladores opuestos a su proyecto entraran en la sede del Parlamento para evitar que votaran en contra de su proyecto socialista del siglo XXI. También se recurre frecuentemente al abucheo y a la suspensión de la palabra al diputado que esté en uso de ella y argumenta en contra de los proyectos en discusión. Si se dieran casos de diputados que, aunque pertenezcan al oficialismo se opusieran a proyectos del gobierno o denunciaran la corrupción en las filas del mismo, como sucedió con Wilmer Azuaje en Venezuela, el diputado y sus familiares recibirán todo tipo de agresiones y atentados. Azuaje en su desesperación dijo: “estoy condenado a muerte por el presidente Hugo Chávez”. Pero nadie investigará porque la policía y los tribunales de justicia pertenecen también al Estado. Esto en el campo democrático pareciera una monstruosidad pero en el contexto del SS-XXI es una cosa normal ya que el propósito que se persigue es noble, según sus promotores: impedir que los diputados deshagan lo que el Jefe Supremo, que en definitiva es el que todo lo sabe, trata de hacer.

14) Expropiación o confiscación de tierras.- En un sistema como el comunismo o el Socialismo del Siglo XXI, que en definitiva son iguales, todas las tierras, desde latifundios, minifundios y parcelas urbanas pertenecen teóricamente al pueblo por lo que deben ser expropiadas por el Estado. Para ello se alega que las tierras existen desde antes de la aparición del hombre sobre las mismas, por lo que si a alguien pertenecen es a los dinosaurios. También dirán que “la tierra es del que la trabaja”. Esto no quiere decir que los campesinos van a disponer de la propiedad de sus fincas aunque las trabajen. Su derecho sobre las mismas se limita a poder decir que son suyas y a venderle los productos al Estado. Pero las expropiaciones o confiscaciones se harán paulatinamente. Primero se confiscarán las tierras ociosas, se seguirá con los latifundios, aunque estén en producción, después vendrán los minifundios hasta terminar con las parcelas urbanas y con los huertos familiares. Con las tierras confiscadas se formarán cooperativas “independientes” para luego convertirlas en cooperativas o granjas estatales, como en Cuba o cualquier otro país comunista. Si por casualidad alguna finquita quedara en manos privadas, ya sea por privilegios o influencias, sus dueños estarán obligados a venderle sus productos al Estado al precio que éste fije. Como sucede con las demás empresas, en este sistema de extrema izquierda las tierras tampoco son heredables. Las expropiaciones no seguirán un procedimiento convencional ya que en muchas ocasiones se prepararán piquetes de campesinos para que invadan las tierras ociosas, las ocupen y luego las pasen al Estado. Si las fincas objetivo de intervención estuvieran en plena producción, no importa, de alguna manera se logrará dañar los cultivos para que las tierras parezcan improductivas y así tener un mejor pretexto para expropiarlas. Por regla general la productividad de estas tierras confiscadas baja considerablemente debido a que los nuevos administradores son nombrados por su lealtad y no por su capacidad. Contra estas expropiaciones, casi siempre sin pago a sus verdaderos dueños, no existen alegatos que valgan ya que los Fiscales y Contralores Generales son instrumentos del Estado y dictaminarán lo que les oriente el Jefe Supremo.